Hay momentos de soledad
en que el corazón reconoce, atónito, que no ama.
Acabamos de incorporarnos, cansados: el día oscuro.
Alguien duerme, inocente, todavía sobre ese lecho.
Pero quizá nosotros dormimos...... Ah, no: nos movemos.
Y estamos tristes, callados. La lluvia, allí insiste.
Mañana de bruma lenta, impiadosa. ¡Cuán solos!
Miramos por los cristales. Las ropas, caídas;
el aire, pesado; el agua, sonando. Y el cuarto,
helado en este duro invierno que, fuera, es distinto.
Así te quedas callado, tu rostro en tu palma.
Tu codo sobre la mesa. La silla, en silencio.
Y sólo suena el pausado respiro de alguien,
de aquella que allí, serena, bellísima, duerme
y sueña que no la quieres, y tú eres su sueño.
VICENTE ALEIXANDRE
Historia de corazón
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miércoles, 15 de octubre de 2014
lunes, 8 de septiembre de 2014
EL SUEÑO
Hay momentos de soledad
en que el corazón reconoce, atónito, que no ama.
Acabábamos de incorporarnos, cansados: el día oscuro.
Alguien duerme, inocente, todavía sobre el lecho.
Pero quizá nosotros dormimos..... Ah, no: nos
movemos.
Y estamos tristes, callados. La lluvía, allí insiste.
Mañana de bruma lenta, impiadosa. ¡ Cuán solos !
Miramos por los cristales. Las ropas caídas;
el aire, pesado; el agua, sonando. Y el cuarto,
helado en este duro invierno que, fuera, es distinto.
Así te quedas callado, tu rostro en tu palma.
Tu codo sobre la mesa. La silla,en silencio.
Y sólo suena el pausado respiro de alguién,
de aquella que allí, serena, bellísima, duerme
y sueña que no la quieres, y tú eres su sueño.
HISTORIA DE CORAZÓN
Vicente Aleixandre
en que el corazón reconoce, atónito, que no ama.
Acabábamos de incorporarnos, cansados: el día oscuro.
Alguien duerme, inocente, todavía sobre el lecho.
Pero quizá nosotros dormimos..... Ah, no: nos
movemos.
Y estamos tristes, callados. La lluvía, allí insiste.
Mañana de bruma lenta, impiadosa. ¡ Cuán solos !
Miramos por los cristales. Las ropas caídas;
el aire, pesado; el agua, sonando. Y el cuarto,
helado en este duro invierno que, fuera, es distinto.
Así te quedas callado, tu rostro en tu palma.
Tu codo sobre la mesa. La silla,en silencio.
Y sólo suena el pausado respiro de alguién,
de aquella que allí, serena, bellísima, duerme
y sueña que no la quieres, y tú eres su sueño.
HISTORIA DE CORAZÓN
Vicente Aleixandre
lunes, 17 de marzo de 2014
FELICIDAD, NO ENGAÑAS
Felicidad, no engañas.
Una palabra fue o sería, y dulce
quedó en el labio. Algo
como un sabor
a miel, quizás
aún más a sal
marina. A agua de mar, o a verde fresco
de la campiña. Quizá a gris robusto
del granito o poder, que allí tentaste.
La gravedad del mundo está ostensible
ante tus ojos. No. No busques
por tu labio el color rubio del beso
que es miel, con su amargor que puede
sobrevivir. Vivir o no vivir no es ignorar
una verdad. El labio sólo sabe
a su final sabor: memoria,
olvido.
VICENTE ALEIXANDRE:
Poemas de la consumación, 1968
Una palabra fue o sería, y dulce
quedó en el labio. Algo
como un sabor
a miel, quizás
aún más a sal
marina. A agua de mar, o a verde fresco
de la campiña. Quizá a gris robusto
del granito o poder, que allí tentaste.
La gravedad del mundo está ostensible
ante tus ojos. No. No busques
por tu labio el color rubio del beso
que es miel, con su amargor que puede
sobrevivir. Vivir o no vivir no es ignorar
una verdad. El labio sólo sabe
a su final sabor: memoria,
olvido.
VICENTE ALEIXANDRE:
Poemas de la consumación, 1968
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