III. EL COMPROMISO DE CASPE (1412) Y LA CORONA DE ARAGÓN
LOS ACUERDOS DE CASPE
No obstante, la cuestión del Compromiso de Caspe es ineludible en cualquier manual de Historia Medieval o de Historia en general, así como en las síntesis sobre los siglos XIV y XV, resucitándose lo que de polémico puede tener el asunto a tenor de las diversas tomas de conciencia sobre ideas nacionalistas o particularismos regionales. Pero, finalmente, hay que acudir, primero al conocimiento de los hechos, luego a su análisis según las diversas perspectivas ( políticas, sociales, económicas o religiosas) y después a la interpretación que el historiador construya en cada caso.
Porque, en definitiva, los hechos son incontestables y son conocidos desde el mismo tiempo del acontecimiento: la muerte en 1410 del rey Martin el Humano sin sucesión directa, al haber fallecido prematuramente su heredero Martin el Joven de Sicilia. Así, se produjo la apertura de un bienio de interregno en el que los representantes de Aragón, Cataluña y Valencia convocaron sucesivos parlamentos para reconducir la situación y frenar los intentos de alteración del orden y la intromisión de influencias ajenas a la causa que se dirimía. Durante estos dos años tuvieron lugar conversaciones, audiencias y concordias, como las de Alcañiz que fue decisiva para la solución del Compromiso, y surgieron recelos antre los tres estados principales de la Corona, además de la intromisión de Benedicto XIII dn defensa de la causa cismática.
Entre anto, se sucedieron maniobras de los diversos candidatos y aspirantes al trono, maquinaciones de algunos nobles, como Antón de Luna en Aragón, el asesinato del Arzobispo de Zaragoza al regresar de un consejo aragonés en Calatayud al comienzo del proceso, la reclamación de los aragoneses de su preeminencia a la hora de tomar decisiones definitivas y amenazas de asumir unilateralmente iniciativas si los representantes catalanes y valencianos seguían dilatando las posturas favorables a la resolución más adecuada del conficto, etc.
Finalmente, la descarga de la responsabilidad se centró en nueve elegidos, de honrada y formada opinión y de reconocido criterio. Se designaron tres por cada uno de los estados peninsulares: Domingo Ram, Berenguer de Bardaxí y Francés de Aranda, por Aragón; Pedro de Sagarriga, Guillermo de Vallseca y Bernaldo de Gualbes por Cataluña; y los hermanos Bonifacio y Vicente Ferrer, mas Pere Bertrán, que sustituyó a Giner Rabasa, por Valencia. Los nueve sellaron el compromiso de, tras las negociaciones oportunas, seleccionar a la persona que, a su juicio, contase con los mayores derechos al trono y garantizase una salida pacífica al vacío sucesorio.
La elección de Fernando de Trastámara, que reinaría apenas cuatro años (1412-1416) como rey de Aragón y sumando el resto de titulaciones de sus antepasados inmediatos de la Corona, se puede interpretar como la del candidato que mejor preparó la estategia, el que contó con los apoyos decisivos en su momento, quien satifizo los intereses de la mayoría y el que abrió un nuevo horizonte adecuado al siglo renacentista y humanista que se estaba alumbrando a comienzos del siglo XV. Y si bien su ascendencia sucesoria y legítima con Pedro IV (1336-1387) le venía por vía femenina, era en justicia el pariente más próximo de la dinastía aragonesa, como nieto del Ceremonioso a través de su hija Leonor, casada con Juan I de Castilla (+1382), y sobrino de Juan I de Aragón (1387-1395) y de Martín el Humano (1395-1410),ambos hermanos entre sí.
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martes, 15 de enero de 2013
jueves, 10 de enero de 2013
¿ QUÉ FUE LA CORONA DE ARAGÓN ? (7)
III. EL COMPROMISO DE CASPE (1412) Y LA CORONA DE ARAGÓN
LA CORONA DE ARAGÓN SIN REY
La llamada sentencia arbitral o Copromiso de Caspe de junio de 1412, acabó con un período de incertidumbre en la Corona de Aragón tras la muerte sin heredero legítimo del rey Martin el Humano en 1410, e hizo de Caspe el centro de atención de los Estados europeos durante la primavera del año 1412, hasta la proclamación de Fernando de Trastámara, entre los candidatos con derechos en juego, por uno de los compromisarios, Vicente Ferrer, el 28 de junio y a la puera de la colegial de Santa María.
Al fin y al cabo, el cambio producido con la apuesta por una nueva dinastía, la castellana de los Trastámara, en la persona de Fernando, "el de Antequera", distinguido con todos los honores en la toma de aquella plaza fronteriza con el reino granadino, fue notable para toda la cristiandad, porque estaba también en juego el mantenimiento de la fidelidad europea al papa, en la obediencia de Aviñón, Benedicto XIII, el aragonés Pedro Martinez de Luna, frente al papa romano. El papa Luna había apoyado incondicionalmente la candidatura fernandina entre las del resto de legítimos aspirantes, con lo que pretendía garantizarse la obediencia de las dos poderosas coronas peninsulares: Castilla y Aragón. Tan magno acontecimiento había tenido lugar en la recóndita villa de Caspe, en el reino de Aragón, cabeza de una poderosa corona: la del rey de Aragón y conde de Barcelona, además de rey de Mallorca, Valencia, Sicilia, Cerdeña......., entre otros títulos condales y señoriales.
Ahora bien, pese a ser, en principio, suficientemente conocidos los entresijos de los encuentros, concordias y acuerdos que culminaron con la proclamación solemne de Fernando de Trastámara como nuevo rey de Aragón en aquella fecha histórica de 1412, sin embargo, la historiografía al uso ha interpretado de manera distinta el resultado; más por sus consecuencias que por hecho en sí.
En este sentido, y sin mencionar autores ni obras, en conjunto, la historiografía castellana se ha preocupado en su caso de analizar el problema del Compromiso según las corrientes de pensamiento de cada momento, incluso desde las primeras crónicas procedentes de dicho ámbito político, creando una manifiesta opinión al respecto que ha enderezado sus postulados hacia la constatación de una "causa justa y trascendente". A pesar de lo cual, se ha oscilado, en general, desde la alabanza a la personalidad de Fernando de Antequera hasta la imputación de determinados fracasos para los intereses de Castilla.
En cuanto a la historiografía catalana, sin desdeñar opiniones precedentes, incluso desde el siglo XIX, en la segunda mitad del siglo XX, Joan Regla, en su Introducció a la historia de la Corona d' Aragó(1973), insiste en la importancia de enmarcar los hechos dentro de la influencia decisiva del Cisma de Occidente, de Benedicto XIII y de San Vicente Ferrer, y lo contempla como una intervención e interferencia de la Iglesia en marcha hacia la unidad española. Lo que sopesa la visión tradicional de la inconveniencia del resultado caspolino y la deslealtad hacia el candidato catalán por excelencia, el Conde de Urgel. Mientras que Jaume Vicens Vives, por su parte, señala que la solución de Caspe fue históricamente justa en cuando designó al candidato más universalmente aceptado por las diversas estructuras de los países de la Corona de Aragón. La carencia de oposición violenta al resultado y la estéril rebelión del Conde de Urgel lo demuestran. Cataluña, según este ilustre historiador, recibió la dinasgtía que ella misma se había impuesto al perder el sentido de la acción histórica ( Los Trastámara y Cataluña ).
En cuanto a la visión de la historiografía aragonesa, se ha tratado de contrarrestar la interpretación antifernandina de los hechos, y para ello se ha insistido en la claridad induscutible de la solución jurídica, acudiendo a los testamentos de algunos monarcas y a las titulaciones de los Reyes de Aragón desde Alfonso II, reafirmándose en el hecho de que la elección en Caspe de Fernando II de Trastámara no obedeció sino a la aplicación del derecho sucesorio aragonés y a la preserva del principio de "standum est carte " ( se debe de cumplir lo pactado por escrito ). Este fue un principio muy querido por los aragoneses, quienes trataron de cumplirlo siempre, respetándolo y haciéndolo respetar a los monarcas y a sus representantes en el reino.
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LA CORONA DE ARAGÓN SIN REY
La llamada sentencia arbitral o Copromiso de Caspe de junio de 1412, acabó con un período de incertidumbre en la Corona de Aragón tras la muerte sin heredero legítimo del rey Martin el Humano en 1410, e hizo de Caspe el centro de atención de los Estados europeos durante la primavera del año 1412, hasta la proclamación de Fernando de Trastámara, entre los candidatos con derechos en juego, por uno de los compromisarios, Vicente Ferrer, el 28 de junio y a la puera de la colegial de Santa María.
Al fin y al cabo, el cambio producido con la apuesta por una nueva dinastía, la castellana de los Trastámara, en la persona de Fernando, "el de Antequera", distinguido con todos los honores en la toma de aquella plaza fronteriza con el reino granadino, fue notable para toda la cristiandad, porque estaba también en juego el mantenimiento de la fidelidad europea al papa, en la obediencia de Aviñón, Benedicto XIII, el aragonés Pedro Martinez de Luna, frente al papa romano. El papa Luna había apoyado incondicionalmente la candidatura fernandina entre las del resto de legítimos aspirantes, con lo que pretendía garantizarse la obediencia de las dos poderosas coronas peninsulares: Castilla y Aragón. Tan magno acontecimiento había tenido lugar en la recóndita villa de Caspe, en el reino de Aragón, cabeza de una poderosa corona: la del rey de Aragón y conde de Barcelona, además de rey de Mallorca, Valencia, Sicilia, Cerdeña......., entre otros títulos condales y señoriales.
Ahora bien, pese a ser, en principio, suficientemente conocidos los entresijos de los encuentros, concordias y acuerdos que culminaron con la proclamación solemne de Fernando de Trastámara como nuevo rey de Aragón en aquella fecha histórica de 1412, sin embargo, la historiografía al uso ha interpretado de manera distinta el resultado; más por sus consecuencias que por hecho en sí.
En este sentido, y sin mencionar autores ni obras, en conjunto, la historiografía castellana se ha preocupado en su caso de analizar el problema del Compromiso según las corrientes de pensamiento de cada momento, incluso desde las primeras crónicas procedentes de dicho ámbito político, creando una manifiesta opinión al respecto que ha enderezado sus postulados hacia la constatación de una "causa justa y trascendente". A pesar de lo cual, se ha oscilado, en general, desde la alabanza a la personalidad de Fernando de Antequera hasta la imputación de determinados fracasos para los intereses de Castilla.
En cuanto a la historiografía catalana, sin desdeñar opiniones precedentes, incluso desde el siglo XIX, en la segunda mitad del siglo XX, Joan Regla, en su Introducció a la historia de la Corona d' Aragó(1973), insiste en la importancia de enmarcar los hechos dentro de la influencia decisiva del Cisma de Occidente, de Benedicto XIII y de San Vicente Ferrer, y lo contempla como una intervención e interferencia de la Iglesia en marcha hacia la unidad española. Lo que sopesa la visión tradicional de la inconveniencia del resultado caspolino y la deslealtad hacia el candidato catalán por excelencia, el Conde de Urgel. Mientras que Jaume Vicens Vives, por su parte, señala que la solución de Caspe fue históricamente justa en cuando designó al candidato más universalmente aceptado por las diversas estructuras de los países de la Corona de Aragón. La carencia de oposición violenta al resultado y la estéril rebelión del Conde de Urgel lo demuestran. Cataluña, según este ilustre historiador, recibió la dinasgtía que ella misma se había impuesto al perder el sentido de la acción histórica ( Los Trastámara y Cataluña ).
En cuanto a la visión de la historiografía aragonesa, se ha tratado de contrarrestar la interpretación antifernandina de los hechos, y para ello se ha insistido en la claridad induscutible de la solución jurídica, acudiendo a los testamentos de algunos monarcas y a las titulaciones de los Reyes de Aragón desde Alfonso II, reafirmándose en el hecho de que la elección en Caspe de Fernando II de Trastámara no obedeció sino a la aplicación del derecho sucesorio aragonés y a la preserva del principio de "standum est carte " ( se debe de cumplir lo pactado por escrito ). Este fue un principio muy querido por los aragoneses, quienes trataron de cumplirlo siempre, respetándolo y haciéndolo respetar a los monarcas y a sus representantes en el reino.
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jueves, 3 de enero de 2013
¿ QUÉ FUE DE LA CORONA DE ARAGÓN ? (6)
II. FORMACIÓN TERRITORIAL, EXPANSIÓN Y ARTICULACIÓN POLÍTICA DE LA CORONA DE ARAGÓN (1162-1410)
EL PERIODO DE CRISIS: DE LA PLENITUD A LA EXTINCIÓN DE LA DINASTÍA REAL (1327-1410)
En los primeros años del siglo XIV, mientras que Jaime II reestructura la organización financiera y administrativa de la Corona y se convierte en soberano natural de la comunidad política, los distintos Estados de la Corona organizan sus espacios nacionales, con territorios perfectamente definidos y con sus peculiares instituciones políticas, jurídicas y administrativas, con unas Cortes y parlamentos propios, unas leyes específicas y unos funcionarios distintos a los de la Corona que, no obstante, siempre permanece unida en la figura del monarca, el rey de Aragón, quien, en 1319, había establecido el principio de indivisibilidad de la misma.
Alfonso IV el Benigno (1327-1336), proclamado rey, declaraba solemnemente en Cortes que Aragón sería siempre la cabeza protocolaria de todos sus reinos " y lo principal de su Estado ". Su breve reinado apenas le permitió otra cosa que proseguir el ya consolidado proyecto dinástico de dominio de Mediterráneo, esgrimido como argumento para la afirmación del autoritarismo regio que fue desarrollado, sobre todo, por su hijo Pedro IV (1336-1387) conocido como el Ceremonioso, y ello porque hizo promulgar en 1344 unas ordenanzas que regulaban la administración y el ceremonial por el que los Reyes de Aragón, y por tanto titulares de la Corona, se harían consagrar por el arzobispo de Zaragoza en la catedral de La Seo. En su extenso reinado una serie de circunstacias excepcionales iban a tener una honda repercusión en los territorios y en sus gentes: además de la continuidad de la política mediterránea de la Corona, hay que señalar episodios tan señalados como la peste negra (1348-1350), con sucesivos rebrotes en los años posteriores y las profundas repercusiones en el descenso de la población, y, por otra, la larga y devastadora guerra (1356-1369) contra Castilla, conocida como guerra de los dos Pedrod, en la que se debatía la hegemonía peninsular y que se salvó a favor de Castilla.
En este escenario de guerras y calamidades naturales, los grupos que dominaban el escenario político, monarquía y grupos sociales privilegiados ( nobleza y oligarquía urbana ), mantendrán posturas enfrentadas que ponen de manifiesto las distintas concepciones que se tenían del estado: autoritario o pactista. La primera, de acuerdo con la evolución de las monarquías occidentales quería imponer una monarquía de carácter absolutista; la segunda, tradicional y de carácter feudal, defendía los privilegios de clase, enmascarados no obstante con la defensa del bien común e incluso agudizando las posturas nacionalistas. La diversidad de posiciones llevó a una situación de verdadera guerra civil que se saldó con el triunfo de la fórmula autoritaria de gobierno monárquico que reafirmaba, así, su autoridad en los distintos Estados de la Corona.
La presencia de catalanes y aragoneses en el Mediterráneo siguió siendo una constante a lo largo del siglo XIV, ya que se ocuparon las islas de Malta, Gozzo, Gelves, las Querquenas, Rodas y Castelorazzo, documentándose además la presencia activa de la Corona en Alejandría y Rodas,Constantinopla y Albania, y seguían sometidas a protectorado las plazas de Túnez, Tremecén y Bujía, entre otras. Existían, también, consulados de la Corona en Alejandría, Damasco y Armenia que velaban por los intereses de sus súbditos. Destacaron, entre otros, los almogávares, compañía de mercenarios formada por guerreros profesionales al mando de un capitán, cuyas hazañas fueron narradas en la Crónica de Ramón Muntaner; participaron en la ocupación de Sicilia y luego llevaron una azarosa vida en escenarios de Asia Menor y Grecia; al grito de ¡ Aragón ! ¡ Aragón !, portando como emblema la enseña de San Jorge, y tras diversas escaramuzas en Anatolia y Armenia, ocuparon Atenas y el principado de Morea, incorporando los ducados de Atenas y Neopatria a la soberanía aragonesa, aunque se perdiron definitivamente en 1388.
En 1380 Pedro IV, que aún controlaba ambos ducados, hacía un encendido elogio de la Acrópilis de Atenas " ya que dicho castillo es la más rica joya que hay en el mundo, y tal que ni entre todos los reyes cristianos del mundo podrían hacer algo semejante" . Como hecho anecdótico cabría señalar los reiterados esfuerzos diplomáticos realizados por Jaime II, Pedro IV y Martín I para recuperar el cuerpo de Santa Bárbara, enterrada en El Cairo.
Respecto a la política peninsular era ya evidente que la Corona de Castilla había alcanzado una notable hegemonía. Será de nuevo la política ultramarina la que exija una mayor actividad de la Corona en todos los frentes, bélicos y diplomáticos. El Mediterráneo ya no era una lago controlado exclusivamente por la Corona: a los viejos y grandes actores ( Pisa, Génova, Barcelona, Mallorca...) se sumaba la aparición de nuevos competidores, como Castilla y Portugal, dueños de unas grandes armadas. La Corona de Aragón bastante hacía con gobernar en Sicilia y dominar, a duras penas, Cerdeña.
A la muerte de Pedro IV el reino, y la Corona, vivieron una situación de crisis generalizada, agudizada por un cierto fracaso de la política mediterránea y la enajenación del patrimonio real, sucediéndole sus hijos Juan I el Cazador (1387-1395) y Martín I el Humano (1395-1410), cuyos reinados se verán inmersos en una enconada lucha de bandos. Estos dos fueron los últimos monarcas de la Corona de la dinastía barcelonesa, trocada en el linaje de los Aragón. En la Corona de Aragón de comienzos del siglo XV se vivía una coyuntura decisiva en la formulación de unas nuevas estructuras políticas que permitieran superar las dificultades de la crisis y la situación de permanente inestabilidad política y social que afectaban a los distintos estados que configuraban la Corona, y de forma especial, a Cataluña, en la que los grupos políticos estaban fracturados en dos bloques antagónicos aún antes del advenimiento de la nueva dinastía: los Trastámara castellanos.
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EL PERIODO DE CRISIS: DE LA PLENITUD A LA EXTINCIÓN DE LA DINASTÍA REAL (1327-1410)
En los primeros años del siglo XIV, mientras que Jaime II reestructura la organización financiera y administrativa de la Corona y se convierte en soberano natural de la comunidad política, los distintos Estados de la Corona organizan sus espacios nacionales, con territorios perfectamente definidos y con sus peculiares instituciones políticas, jurídicas y administrativas, con unas Cortes y parlamentos propios, unas leyes específicas y unos funcionarios distintos a los de la Corona que, no obstante, siempre permanece unida en la figura del monarca, el rey de Aragón, quien, en 1319, había establecido el principio de indivisibilidad de la misma.
Alfonso IV el Benigno (1327-1336), proclamado rey, declaraba solemnemente en Cortes que Aragón sería siempre la cabeza protocolaria de todos sus reinos " y lo principal de su Estado ". Su breve reinado apenas le permitió otra cosa que proseguir el ya consolidado proyecto dinástico de dominio de Mediterráneo, esgrimido como argumento para la afirmación del autoritarismo regio que fue desarrollado, sobre todo, por su hijo Pedro IV (1336-1387) conocido como el Ceremonioso, y ello porque hizo promulgar en 1344 unas ordenanzas que regulaban la administración y el ceremonial por el que los Reyes de Aragón, y por tanto titulares de la Corona, se harían consagrar por el arzobispo de Zaragoza en la catedral de La Seo. En su extenso reinado una serie de circunstacias excepcionales iban a tener una honda repercusión en los territorios y en sus gentes: además de la continuidad de la política mediterránea de la Corona, hay que señalar episodios tan señalados como la peste negra (1348-1350), con sucesivos rebrotes en los años posteriores y las profundas repercusiones en el descenso de la población, y, por otra, la larga y devastadora guerra (1356-1369) contra Castilla, conocida como guerra de los dos Pedrod, en la que se debatía la hegemonía peninsular y que se salvó a favor de Castilla.
En este escenario de guerras y calamidades naturales, los grupos que dominaban el escenario político, monarquía y grupos sociales privilegiados ( nobleza y oligarquía urbana ), mantendrán posturas enfrentadas que ponen de manifiesto las distintas concepciones que se tenían del estado: autoritario o pactista. La primera, de acuerdo con la evolución de las monarquías occidentales quería imponer una monarquía de carácter absolutista; la segunda, tradicional y de carácter feudal, defendía los privilegios de clase, enmascarados no obstante con la defensa del bien común e incluso agudizando las posturas nacionalistas. La diversidad de posiciones llevó a una situación de verdadera guerra civil que se saldó con el triunfo de la fórmula autoritaria de gobierno monárquico que reafirmaba, así, su autoridad en los distintos Estados de la Corona.
La presencia de catalanes y aragoneses en el Mediterráneo siguió siendo una constante a lo largo del siglo XIV, ya que se ocuparon las islas de Malta, Gozzo, Gelves, las Querquenas, Rodas y Castelorazzo, documentándose además la presencia activa de la Corona en Alejandría y Rodas,Constantinopla y Albania, y seguían sometidas a protectorado las plazas de Túnez, Tremecén y Bujía, entre otras. Existían, también, consulados de la Corona en Alejandría, Damasco y Armenia que velaban por los intereses de sus súbditos. Destacaron, entre otros, los almogávares, compañía de mercenarios formada por guerreros profesionales al mando de un capitán, cuyas hazañas fueron narradas en la Crónica de Ramón Muntaner; participaron en la ocupación de Sicilia y luego llevaron una azarosa vida en escenarios de Asia Menor y Grecia; al grito de ¡ Aragón ! ¡ Aragón !, portando como emblema la enseña de San Jorge, y tras diversas escaramuzas en Anatolia y Armenia, ocuparon Atenas y el principado de Morea, incorporando los ducados de Atenas y Neopatria a la soberanía aragonesa, aunque se perdiron definitivamente en 1388.
En 1380 Pedro IV, que aún controlaba ambos ducados, hacía un encendido elogio de la Acrópilis de Atenas " ya que dicho castillo es la más rica joya que hay en el mundo, y tal que ni entre todos los reyes cristianos del mundo podrían hacer algo semejante" . Como hecho anecdótico cabría señalar los reiterados esfuerzos diplomáticos realizados por Jaime II, Pedro IV y Martín I para recuperar el cuerpo de Santa Bárbara, enterrada en El Cairo.
Respecto a la política peninsular era ya evidente que la Corona de Castilla había alcanzado una notable hegemonía. Será de nuevo la política ultramarina la que exija una mayor actividad de la Corona en todos los frentes, bélicos y diplomáticos. El Mediterráneo ya no era una lago controlado exclusivamente por la Corona: a los viejos y grandes actores ( Pisa, Génova, Barcelona, Mallorca...) se sumaba la aparición de nuevos competidores, como Castilla y Portugal, dueños de unas grandes armadas. La Corona de Aragón bastante hacía con gobernar en Sicilia y dominar, a duras penas, Cerdeña.
A la muerte de Pedro IV el reino, y la Corona, vivieron una situación de crisis generalizada, agudizada por un cierto fracaso de la política mediterránea y la enajenación del patrimonio real, sucediéndole sus hijos Juan I el Cazador (1387-1395) y Martín I el Humano (1395-1410), cuyos reinados se verán inmersos en una enconada lucha de bandos. Estos dos fueron los últimos monarcas de la Corona de la dinastía barcelonesa, trocada en el linaje de los Aragón. En la Corona de Aragón de comienzos del siglo XV se vivía una coyuntura decisiva en la formulación de unas nuevas estructuras políticas que permitieran superar las dificultades de la crisis y la situación de permanente inestabilidad política y social que afectaban a los distintos estados que configuraban la Corona, y de forma especial, a Cataluña, en la que los grupos políticos estaban fracturados en dos bloques antagónicos aún antes del advenimiento de la nueva dinastía: los Trastámara castellanos.
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miércoles, 19 de diciembre de 2012
¿ QUÉ FUE DE LA CORONA DE ARAGÓN ? (5)
LA EXPANSIÓN POR EL LEVANTE PENINSULAR Y EL MEDITERRÁNEO (1213-1327)
Así, durante el reinado de Jaime I el Conquistador (1213-1276) la Corona prosegurá con su política expansionista gracias a la rápida desintegración del Imperio Almohade en al-Andalus, derrotado en las Navas de Tolosa (1212), y se verá ampliada con la incorporación de dos nuevos reinos, Mallorca 1229) y Valencia (1238), tras prolongadas campañas militares no exentas de acciones devastadoras. La conquista de Mallorca e Ibiza se planteó como una empresa real y contó con la colaboración de los grupos aristocráticos catalanes y, en menor medida, aragoneses; el propio momarca la calificaba como " la mayor empresa que se haya llevado a buen término de cien años a esta parte". La cosquista de Valencia, tras una prolongada ofensiva militar (1232-1245), fue una empresa de la Corona, en la que tomó la iniciativa la nobleza aragonesa y contó con la colaboración de las Órdenes Militares y el apoyo de las milicias concejiles de Teruel, Calatayud y Daroca, siendo la inmigración aragonesa muy numerosa, tanto en la zona norte de Catellón, repoblada a fuero de Aragón, como en la propia Valencia donde no menos de 600 casas y explotaciones agrícolas fueron concedidas a aragoneses. Años después,en 1266, se ocupaba el reino de Murcia que, aunque repoblado con contingentes aragoneses y catalanes, era entregado al monarca castellano Alfonso X el Sabio. La cancillería real se hacía pronto eco de los nuevos reinos incorporados por el Conquistador y así, en los dipomas reales, lo designan con los siguientes títulos: Jaime, por la gracia de Dios, rey de Aragón, de Mallorca y de Valencia, conde Barcelona y de Urgel, y señor de Montpellier. Todavía en 1304 la Corona de Aragón se anexionaría la ribera izquierda del Segura y la cuenca del Vinalopó. con Alicante, Elche, Orihuela y Villena.
La firma de dos tratados distintos, el de Almizra (1244) con Castilla y el de Corbeil (1258) con Francia propiciarían un cambio de rumbo en el devenir histórico de la Corona de Aragón. En efecto, el pacto suscrito con el primogénito del monarca castellano, el futuro Alfonso X, limitaba la progresión territorial de la Corona en suelo peninsular a las tierras alicantinas. Por otro lado las tensiones con el monarca francés culminaron en el pacto de Corbeil, que suponía la pérdida de todos los territorios ultrapirenáicos de la Corona en el Mediodía francés, excepto el señorío sobre la ciudad de Montpellier. De esta forma los avances por esa arteria vital que fue la cuenca mediterránea iban a ser la única salida viable para una sociedad guerrera en expansión.
La Corona de Aragón, que contaba, además, con una poderosa flota, dirigía su política expansiva hacia el Mediterráneo, unas veces de forma pacífica, como las relaciones diplomáticas y de protectorado establecidas durante el reinado de Jaime I con Marruecos, Tremecén y Túnez, y que tanto ayudaron a los intercambios comerciales, otras, mediante la lucha armada, como la ocupación de las islas de Sicilia (1283) y Cerdeña (1323) que permitieron a la Corona controlar las principales rutas marítimas. La política mediterránea que convenía, además, a los intereses mercantiles de la nobleza y la burguesía catalanas, añadió, no obstante, nuevos conflictos y luchas de carácter internacional ( con Francia, con el Papado, con la familia de los Anjou) para hacerse con el control del Mediterráneo, no sólo en los aspectos políticos sino también económicos y mercantiles.
A fines del siglo XIII y comienzos del XIV, coincidiendo con los reinados de Pedro III el Grande ( 1276-1285), Alfonso III el Liberal ( 1285-1291 ) y Jaime II el Justo ( 1291-1327), se produjo la gran expansión de la Corona por el Mediterráneo. Una carta de Jaime II dirigida al Papa en 1311 refleja el ideario político del monarca aragonés" ...... una vez que conquistemos Granada, procederemos hacia Oriente por vía marítima, apoyándose nuestra armada en las islas cristianas, esto es: Mallorca, Menorca, Cerdeña, Sicilia, de las que obtendremos con regularidad víveres, provisiones y hombres para vigorizar el viejo ejército y poblar nuevas tierras, y además podremos llegar a Tierra Santa". En apenas unos decenios se había conquistado un vatísimo territorio que permitía controlar las rutas comerciales más importantes del momento. Bien podía el almirante Roger de Lauria, en 1285, tras la ocupación de Sicilia, responder con legítimo orgullo al conde de Foix - representante del momarca francés-: " Señor, no sólo no pienso que navío alguno intente navegar por el mar sin salvoconducto del rey de Aragón, ni siquiera galera, bajel o leño, sino que no creo que pez alguno se atreva a asomarse a la superficie del mar si no lleva un escudo en la cola con la enseña del rey de Aragón como salvoconducto".
Será precisamente a lo largo del Siglo XIII cuando los diferentes reinos y condados peninsulares que conformaban la Corona de Aragón comiencen a individualizarse, perfilándose nítidamente los distintos territorios en los que los grupos dirigentes del reino lograrán definir una nueva formulación constitucional, el pactismo, que permitirá estabilizar las propias estructuras de poder. Destaca además en este periodo el nacimiento de las instituciones propias de la Corona y las privativas de cada uno de los Estados que la formaban ( como el Justicia de Aragón ), la promulgación de los diversos códigos legislativos ( Usatges, Decretales y Conmemoraciones de Cataluña, los Fueros de Aragón y los Furs de Valencia) así como la consolidación de las Cortes, tanto de las llamadas Generales de la Corona como de las específicas de cada uno de los Estados que la componían. Las Cortes, que fueron una de las instituciones de mayor interés político, se institucionalizan en 1283, cuando el deber de reunión se convierte ya en el derecho de reunión.
La distinta personalidad e individualización de los reinos se manifieta, sobre todo, en la simetría en las estructuras sociales de cada Esado, que impidieron que se produjera una mayor convergencia, y se concreta también en la fijación de fronteras interiores entre Aragón con Cataluña y también con Valencia, reforzando cada territorio su personalidad con concepciones de carácter nacional, y las exteriores con Castilla. El monarca, en definitiva, organizaba sus territorios respetando las identidades políticas de cada uno de elllos, propiciando cambios estructurales profundos y dotándolos de instituciones privativas y de administraciones autónomas, si bien se dio una cierta simetría en las instituciones de cada territorio: Cortes, Diputaciones, instituciones financieras e instituciones locales eran muy parecidas en los distintos Estados y, por encima de ellos, las Cortes Generales, una política exterior unitaria y bandera real o la senyera que simbolizan el principio de unidad.
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lunes, 10 de diciembre de 2012
¿ QUÉ FUE LA CORONA DE ARAGÓN ? (4)
II. FORMACIÓN TERRITORIAL, EXPANSIÓN Y ARTICULACIÓN
POLÍTICA DE LA CORONA DE ARAGÓN (1162-1410)
LA FORMACIÓN TERRITORIAL (1162-1213)
La Corona de Aragón, entendida como un conjunto de territorios y gentes sobre los que el rey de Aragón ejercía su soberanía y juridicción, fue una nueva formación política, supranacional, surgida como consecuencia de la unión dinástica de mediados del siglo XII entre Petronila, hija del rey de Aragón, y Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, es decir entre la casa real de Aragón y la casa condal de Barcelona. La monarquía, a partir del reinado de Alfonso II, serviría de nexo común frente a la diversidad de Estados, y será quien organice el conjunto de sus dominios proponiendo, además, un proyecto compartido y una única política exterior, dotando a los diferenttes territorios de un complejo entramado institucional propio y distinto del de la Corona. Desde entonces, el reino de Aragón, que ejerció siempre su primacia protocolaria, y el condado de Barcelona estuvieron dirigidos por el mismo soberano, el de la Corona de Aragón que, en su momento de máximo apogeo, a mediados del siglo XV, llegó a gobernar sobre siete reinos (Aragón, Mallorca, Valencia, Sicilia, Cerdeña, Córcega y Nápoles), tres condados ( Barcelona, Rosellón y Cerdaña), el ducado de Atenas y Neopagtria, el marquesado de Provenza y el señorío de Montpellier, entre otras plazas y protectorados más, alcanzando de esta forma una gran importancia en el contexto peninsular y, especialmente, en el internacional.
Alfonso II el Casto (1162-1196), a pesar de no haber sido coronado solemnemente por el Papa -lo será su hijo Pedro II el Católico -, en la iglesia de San Pancracio de Roma en 1204 por Inocencio III- es considerado como el primer monarca de la Corona de Aragón. En su tiempo todavía no existían fronteras interiores entre los Estados, y los territorios estaban aún por configurarse definitivamente, incorporando la Extremadura turolense todavía en los años setenta del siglo XII.
A la muerte del rey, acaecida en Perpiñán en abril de 1196, Alfonso II dejaba a su primogénito Pedro como heredero "en todo el reino de Aragón, en los condados de Barcelona, Rosellón, Cerdaña, Conflent, Pallars, en toda Cataluña y en toda las tierras desde la ciudad de Béziers hasta el puerto de Aspe", mientras que a su segundo hijo varón, Alfonso, le dejaba como heredero en los condados ultrapirenaicos de Pfrovenza, Millau, Gavaldan y Rouvergue.
La importancia política de la Corona aragonesa a comienzos del siglo XIII era bien distinta de aquella aureola anterior de pequeños condados pirenaicos, ya que se empezaba a convertir en una potencia occidental capaz de rivalizar con la monarquía francesa de los Capeto y con la anglosajona de los Plantagenet por dominar la Francia meridional, vieja aspiración de la dinastía de los condes de Barcelona, que deseaban extender su dominio en Occitania y consolidar asi los dominios ultrapirenaicos ( desde el Ródano hasta el Ebro) de la dinastía. Con Pedro II el Católico (1196-1213) los intereses políticos de la Corona estuvieron centrados en el Mediodía francés, máxime al proclamarse señor de Montpellier tras su matrimonio con María de Montpellier, continuando de esta forma la secular dirección política. Finalizada la configuración territorial tanto de Aragón como de Cataluña, y conseguido el control político del sur francés, la Corona adquiría unas características geoestratégicas excepcionales, pues no debemos olvidar que sus dominios, a uno y otro lado de los Pirineos, se encontraban en el eje principal del tránsito comercial entre el mundo islámico y el cristiano occidental. Será, no obstante, a partir de la derrota del ejército de Pedro II en Muret (1213) , en las cercanías de Tolouse ( el propio monarca falleció en la batalla ), cuando la política ultrapirenaica fracase estrepitosamente y obligue a la Corona a virar el rumbo de su política exterior que, a partir de ahora y de forma definitiva, se va a orientar hacia la expansión por el Levante peninsular y el control de las islas del Mediterráneo.
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POLÍTICA DE LA CORONA DE ARAGÓN (1162-1410)
LA FORMACIÓN TERRITORIAL (1162-1213)
La Corona de Aragón, entendida como un conjunto de territorios y gentes sobre los que el rey de Aragón ejercía su soberanía y juridicción, fue una nueva formación política, supranacional, surgida como consecuencia de la unión dinástica de mediados del siglo XII entre Petronila, hija del rey de Aragón, y Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, es decir entre la casa real de Aragón y la casa condal de Barcelona. La monarquía, a partir del reinado de Alfonso II, serviría de nexo común frente a la diversidad de Estados, y será quien organice el conjunto de sus dominios proponiendo, además, un proyecto compartido y una única política exterior, dotando a los diferenttes territorios de un complejo entramado institucional propio y distinto del de la Corona. Desde entonces, el reino de Aragón, que ejerció siempre su primacia protocolaria, y el condado de Barcelona estuvieron dirigidos por el mismo soberano, el de la Corona de Aragón que, en su momento de máximo apogeo, a mediados del siglo XV, llegó a gobernar sobre siete reinos (Aragón, Mallorca, Valencia, Sicilia, Cerdeña, Córcega y Nápoles), tres condados ( Barcelona, Rosellón y Cerdaña), el ducado de Atenas y Neopagtria, el marquesado de Provenza y el señorío de Montpellier, entre otras plazas y protectorados más, alcanzando de esta forma una gran importancia en el contexto peninsular y, especialmente, en el internacional.
Alfonso II el Casto (1162-1196), a pesar de no haber sido coronado solemnemente por el Papa -lo será su hijo Pedro II el Católico -, en la iglesia de San Pancracio de Roma en 1204 por Inocencio III- es considerado como el primer monarca de la Corona de Aragón. En su tiempo todavía no existían fronteras interiores entre los Estados, y los territorios estaban aún por configurarse definitivamente, incorporando la Extremadura turolense todavía en los años setenta del siglo XII.
A la muerte del rey, acaecida en Perpiñán en abril de 1196, Alfonso II dejaba a su primogénito Pedro como heredero "en todo el reino de Aragón, en los condados de Barcelona, Rosellón, Cerdaña, Conflent, Pallars, en toda Cataluña y en toda las tierras desde la ciudad de Béziers hasta el puerto de Aspe", mientras que a su segundo hijo varón, Alfonso, le dejaba como heredero en los condados ultrapirenaicos de Pfrovenza, Millau, Gavaldan y Rouvergue.
La importancia política de la Corona aragonesa a comienzos del siglo XIII era bien distinta de aquella aureola anterior de pequeños condados pirenaicos, ya que se empezaba a convertir en una potencia occidental capaz de rivalizar con la monarquía francesa de los Capeto y con la anglosajona de los Plantagenet por dominar la Francia meridional, vieja aspiración de la dinastía de los condes de Barcelona, que deseaban extender su dominio en Occitania y consolidar asi los dominios ultrapirenaicos ( desde el Ródano hasta el Ebro) de la dinastía. Con Pedro II el Católico (1196-1213) los intereses políticos de la Corona estuvieron centrados en el Mediodía francés, máxime al proclamarse señor de Montpellier tras su matrimonio con María de Montpellier, continuando de esta forma la secular dirección política. Finalizada la configuración territorial tanto de Aragón como de Cataluña, y conseguido el control político del sur francés, la Corona adquiría unas características geoestratégicas excepcionales, pues no debemos olvidar que sus dominios, a uno y otro lado de los Pirineos, se encontraban en el eje principal del tránsito comercial entre el mundo islámico y el cristiano occidental. Será, no obstante, a partir de la derrota del ejército de Pedro II en Muret (1213) , en las cercanías de Tolouse ( el propio monarca falleció en la batalla ), cuando la política ultrapirenaica fracase estrepitosamente y obligue a la Corona a virar el rumbo de su política exterior que, a partir de ahora y de forma definitiva, se va a orientar hacia la expansión por el Levante peninsular y el control de las islas del Mediterráneo.
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lunes, 3 de diciembre de 2012
¿ QUÉ FUE LA CORONA DE ARAGÓN ? (3)
I. LOS ORÍGENES DE LA CORONA DE ARAGÓN (1136-1162)
LA UNIÓN DINÁSTICA DEL REINO DE ARAGÓN Y EL CONDADO DE BARCELONA
Hubo que esperar más de un año, pero, al fin, en abril de 1152, la reina Petronila, que no había cumplido aún los 16 años, dio a luz a un niño. Poco antes de parir, y para prever que pudiera fallecer durante el parto, Petronila hizo testamento. En el documento, fechado el 4 de abril de 1152 y conservado en el Archivo de la Corona de Aragón (sección de Cancillería, pergaminos de Ramón Berenguer IV, núm.250), la reina de Aragón concede a su hijo, del cual dice que todavía está en su útero, y por tanto ni había nacido ni se conocía su sexo, "todo el reino de Aragón", con todas sus posesiones", con la condición de que lo poseyera su marido Ramón Berenguer de por vida. Tras la muerte del conde de Barcelona, el reino de Aragón quedará para su hijo. En el testamento se tiene en cuenta la posibilidad de que el futuro vástago real fuera niña; en ese caso, la reina precisa que su esposo la dote y después disponga del reino de Aragón como le parezca. El nacido fue un niño al que se le puso el nombre de Pedro, pero murió poco después, antes de 1158.
En el mes de mayo de 1154 murió en Huesca Ramiro II, que había pasado su madurez recluído entre los monasterios de San Pedro el Viejo y San Urbez de Serrablo; hasta el mismo momento de su muerte, el Monje mantuvo su título der rey de Aragón, del que nunca quiso abdicar.
Ramón Berenguer IV y Petronila tuvieron más hijos; en marzo de 1157 nació en Huesca Alfonso Ramón Berenguer, el futuro Alfonso II, en 1158 lo hizo otro Pedro, después Sancho y por fin una niña llamada Duce, futura esposa del rey Alfonso I de Portugal. La continuidad del linaje de los reyes de Aragón y condes de Barcelona parecía asegurado.
A mediados de 1162 Ramón Berenguer IV se encontraba en el norte de Italia en un viaje para resolver asuntos diplomáticos. El 4 de agosto, estando cerca de la ciudad de Turín, se sintió muy enfermo y decidió dictar testamento en presencia de algunos de sus consejeros. En su última voluntad dejaba toda su honor de Aragón y de Barcelona y cualquier otra cosa que pueda poseer citados por este orden, a su hijo mayor, al que llama Ramón. Excluyó de esta donación el condado de Cerdeña, que donó a su hijo Pedro, y el señorío sobre Carcasona. Estableció además el orden de sucesión, primero Ramón (Alfonso II) luego Pedro y por fin Sancho, y ordenó a su hijo Pedro que prestara fidelidad y homenaje a su hermano mayor. La hija pequeña, Duce, ni siquiera es citada en el testamento, que se conserva en un traslado en el Archivo de la Corona de Aragón ( sección de Cancillería, pergaminos de Ramón Berenguer IV, núm.42).
Tres días después, el 7 de agosto, moría Ramón Berenguer IV, el único soberano que se intituló conde de Barcelona y príncipe de Aragón, tenía 49 años.
Alfonso II se intituló rey de Aragón y conde de Barcelona. Sólo tenía 5 años y medio cuando fue proclamado rey, y áun tuvo que esperar casi dos años para que su madre renunciara a sus derechos al trono y se los otorgara a su hijo. Ocurrió el 18 de junio de 1164; Petronila, que se denomina reina de los aragoneses y condesa de los barceloneses, concedió a su hijo Alfonso, "rey aragonés y conde barcelonés", el reino de Aragón íngtegramente. En su último testamento de 14 de octubre de 1173 la reina ratificó esta donación.
Acababa así la larga etapa comenzada en el verano de 1137, cuando un rey a su pesar y un joven conde sellaron un acuerdo que dió origen a una formación polítia que duraría 577 años y que se convertiría en una de las más firmes instituciones políticas de la historia de Europa: la Corona de Aragón.
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LA UNIÓN DINÁSTICA DEL REINO DE ARAGÓN Y EL CONDADO DE BARCELONA
Hubo que esperar más de un año, pero, al fin, en abril de 1152, la reina Petronila, que no había cumplido aún los 16 años, dio a luz a un niño. Poco antes de parir, y para prever que pudiera fallecer durante el parto, Petronila hizo testamento. En el documento, fechado el 4 de abril de 1152 y conservado en el Archivo de la Corona de Aragón (sección de Cancillería, pergaminos de Ramón Berenguer IV, núm.250), la reina de Aragón concede a su hijo, del cual dice que todavía está en su útero, y por tanto ni había nacido ni se conocía su sexo, "todo el reino de Aragón", con todas sus posesiones", con la condición de que lo poseyera su marido Ramón Berenguer de por vida. Tras la muerte del conde de Barcelona, el reino de Aragón quedará para su hijo. En el testamento se tiene en cuenta la posibilidad de que el futuro vástago real fuera niña; en ese caso, la reina precisa que su esposo la dote y después disponga del reino de Aragón como le parezca. El nacido fue un niño al que se le puso el nombre de Pedro, pero murió poco después, antes de 1158.
En el mes de mayo de 1154 murió en Huesca Ramiro II, que había pasado su madurez recluído entre los monasterios de San Pedro el Viejo y San Urbez de Serrablo; hasta el mismo momento de su muerte, el Monje mantuvo su título der rey de Aragón, del que nunca quiso abdicar.
Ramón Berenguer IV y Petronila tuvieron más hijos; en marzo de 1157 nació en Huesca Alfonso Ramón Berenguer, el futuro Alfonso II, en 1158 lo hizo otro Pedro, después Sancho y por fin una niña llamada Duce, futura esposa del rey Alfonso I de Portugal. La continuidad del linaje de los reyes de Aragón y condes de Barcelona parecía asegurado.
A mediados de 1162 Ramón Berenguer IV se encontraba en el norte de Italia en un viaje para resolver asuntos diplomáticos. El 4 de agosto, estando cerca de la ciudad de Turín, se sintió muy enfermo y decidió dictar testamento en presencia de algunos de sus consejeros. En su última voluntad dejaba toda su honor de Aragón y de Barcelona y cualquier otra cosa que pueda poseer citados por este orden, a su hijo mayor, al que llama Ramón. Excluyó de esta donación el condado de Cerdeña, que donó a su hijo Pedro, y el señorío sobre Carcasona. Estableció además el orden de sucesión, primero Ramón (Alfonso II) luego Pedro y por fin Sancho, y ordenó a su hijo Pedro que prestara fidelidad y homenaje a su hermano mayor. La hija pequeña, Duce, ni siquiera es citada en el testamento, que se conserva en un traslado en el Archivo de la Corona de Aragón ( sección de Cancillería, pergaminos de Ramón Berenguer IV, núm.42).
Tres días después, el 7 de agosto, moría Ramón Berenguer IV, el único soberano que se intituló conde de Barcelona y príncipe de Aragón, tenía 49 años.
Alfonso II se intituló rey de Aragón y conde de Barcelona. Sólo tenía 5 años y medio cuando fue proclamado rey, y áun tuvo que esperar casi dos años para que su madre renunciara a sus derechos al trono y se los otorgara a su hijo. Ocurrió el 18 de junio de 1164; Petronila, que se denomina reina de los aragoneses y condesa de los barceloneses, concedió a su hijo Alfonso, "rey aragonés y conde barcelonés", el reino de Aragón íngtegramente. En su último testamento de 14 de octubre de 1173 la reina ratificó esta donación.
Acababa así la larga etapa comenzada en el verano de 1137, cuando un rey a su pesar y un joven conde sellaron un acuerdo que dió origen a una formación polítia que duraría 577 años y que se convertiría en una de las más firmes instituciones políticas de la historia de Europa: la Corona de Aragón.
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viernes, 30 de noviembre de 2012
¿ QUÉ FUE LA CORONA DE ARAGÓN ? (2)
I. LOS ORÍGENES DE LA CORONA DE ARAGÓN (1136-1162)
LOS ESPONSALES DE LA REINA PETRONILA Y EL CONDE RAMÓN BERENGUER
El nuevo reto que se planteaba a Ramiro II era buscar un esposo para su hija. En esta ocasión el elegido fue Ramon Berenguer IV, que era conde de Barcelona desde 1131. Nacido en 1113, tenía entonces 25 años, seguía soltero y era cuñado de Alfonso de León y Castilla.
Tras las pertinentes negociaciones, el 11 de Agosto de 1137 Ramiro II, rey de Aragón, y Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, firmaron en la ciudad de Barbastro unas capitulaciones matrimoniales basadas en una institución del derecho privado aragonés, denominada "el matrimonio en casa", mediante las cuales Ramiro II entregaba a su hijita Petronila, de poco más de un año de edad, como futura esposa a Ramon Berenguer IV. El documento, conservado en el Archivo de la Corona de Aragón ( sección de Cancillería, pergaminos de Ramón Berenguer IV, núm.86), dice así.... Yo, Ramiro, rey de los aragoneses por la gracia de Dios, te doy a tí, Ramón, conde y marqués de los barceloneses, con toda la integridad, el reino de los aragoneses, como mi padre el rey Sancho y mis hermanos Pedro y Alfonso de mejor manera hubieron y tuvieron, estos hombres por ellos o del otro sexo, salvados los usos y costumbres que mi padre Sancho o mi hermano Pedro tuvieron en su reino. Y te encomiendo a todos los hombres de dicho reino bajo homenaje y juramento para que sean fieles a tu vida y a tu cuerpo y a todos los miembros que tiene tu cuerpo, sin fraude ni engaño, y que te sean fieles por todo el predicho reino todos los hombtes pertenecientes a este reino, salva sea la fidelidad a mí y a mi hija".
Ramiro II añadía que si moría Petronila antes de tener descendencia, el conde Barcelona tendría el reino "libre e inmutable, sin impedimento alguno" tras la muerte también de Ramiro II, el cual se reservaba el derecho de señorío y el título de rey en el reino de Aragón y en todos los condados de Ramón Berenguer mientras le placiera".
Con estas capitulaciones, Ramón Berenguer IV se convertía en el administrador del reino de Aragón,pero sin asumir el título de rey, que conservó Ramiro II para sí. Petronila aportaba el viejo reino de Aragón (los territorios de Aragón,Sobrarbe y Ribagorza), el condado de Arán y el reino musulmán de Zaragoza, incorporado ahora al reino de Aragón; por su parte Ramón Berenguer IV lo hacía con los condados de Barcelona, Gerona, Ausona, Besalú y Cerdeña sur. Entre estos territorios no existía continuidad territorial,pues los condados de Pallars y Urgel se interponían entre ambos dominios, y eran autónomos, al igual que los condados de Ampurias, Rosellón y Cerdeña norte, que disponían de sus propios soberanos.
Ramiro II hacía donación del reino al conde de Barcelona, el cual lo aceptaba sumiso con el símbolo feudal de imposición de las manos ("pones tus manos entre mis manos", le dijo el rey) y se comprometía a no enajenar el reino de Aragón, a transmitirlo en la generación de los hijos de su hija, es decir, de Petronila, y a que Ramón Berenguer aceptara a Ramiro durante toda su vida " como padre y señor ". Le entregaba el reino, sí, pero el rey Monje no renunciaba a su dignidad real.
Tras los esponsales, el conde de Barcelona regresó a su tierra, la reina Petronila quedó al cuidado de los nobles aragoneses y el rey Ramiro se retiró a la vida monástica. El acuerdo firmado en Barbastro parecía muy frágil, pero dió origen a una de las formaciones políticas más estables y longevas de la historia de Europa, la llamada Corona de Aragón.
En noviembre de 1137, finalizados ya los esponsales, Ramiro II manifestaba a todos los aragoneses que había entregado a su hija al conde de Barcelona "a la vez que con toda la honor de mi reino" y mandaba "a todos mis hombres, caballeros, clérigos y peones, que los castillos y fortificaciones y las otras honores que tienen, de este modo los posean por el dicho conde Ramón, como por rey se han de tener o poseer. Y que lo obedezcan como rey en todas las cosas bajo permanente fidelidad...." Ramón Berenguer IV no recibía el título de rey, pero actuaba de hecho como tal; desde entonces y hasta su muerte, se intitularía conde de Barcelona y príncipe de Aragón.
Y así lo hizo. Desde 1137 Ramón Berenguer IV tuvo que resolver las demandas de las Órdenes que reclamaban sus derechos al reino de Aragón por el testamento de Alfonso I, lo que solventó mediante grandes donaciones y privilegios a hospitalarios, templarios y Santo Sepulcro, y continuó el avance en territorio musulmán, conquistando Lérida, Fraga, Tortosa y el Bajo Aragón.
En 1149 un acontecimiento no previsto estuvo a punto de desbaratar lo acordado en Barbastro en 1137 y dar al traste con la unidad dinástica del reino de Aragón y el condado de Barcelona. El 1 de julio de ese año Ramón Berenguer IV firmó con el rey García Ramírez de Navarra el compromiso de matrimonio con su hija, la princesa Blanca. El acuerdo lo firmó como "conde Barcelona y señor de Aragón", no lo hace como "príncipe", lo que era hasta entonces habitual; el matrimonio se fijó para el día 29 de septiembre de 1149. Pero el acuerdo se incumplió, no hubo boda y Blanca se casó el el príncipe Sancho, futuro rey de Castilla.
Ramón Berenguer seguía soltero y,ahora sí, acató su palabra y se casó con Petronila. La reina de Aragón cumplió 14 años, la edad legal para contraer matrimonio canónico en las mujeres, el 11 de agosto de 1150. Pocos días después, Ramón Berenguer IV y Petronila celebraron su boda en Lérida; él tenía 37 años.
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LOS ESPONSALES DE LA REINA PETRONILA Y EL CONDE RAMÓN BERENGUER
El nuevo reto que se planteaba a Ramiro II era buscar un esposo para su hija. En esta ocasión el elegido fue Ramon Berenguer IV, que era conde de Barcelona desde 1131. Nacido en 1113, tenía entonces 25 años, seguía soltero y era cuñado de Alfonso de León y Castilla.
Tras las pertinentes negociaciones, el 11 de Agosto de 1137 Ramiro II, rey de Aragón, y Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, firmaron en la ciudad de Barbastro unas capitulaciones matrimoniales basadas en una institución del derecho privado aragonés, denominada "el matrimonio en casa", mediante las cuales Ramiro II entregaba a su hijita Petronila, de poco más de un año de edad, como futura esposa a Ramon Berenguer IV. El documento, conservado en el Archivo de la Corona de Aragón ( sección de Cancillería, pergaminos de Ramón Berenguer IV, núm.86), dice así.... Yo, Ramiro, rey de los aragoneses por la gracia de Dios, te doy a tí, Ramón, conde y marqués de los barceloneses, con toda la integridad, el reino de los aragoneses, como mi padre el rey Sancho y mis hermanos Pedro y Alfonso de mejor manera hubieron y tuvieron, estos hombres por ellos o del otro sexo, salvados los usos y costumbres que mi padre Sancho o mi hermano Pedro tuvieron en su reino. Y te encomiendo a todos los hombres de dicho reino bajo homenaje y juramento para que sean fieles a tu vida y a tu cuerpo y a todos los miembros que tiene tu cuerpo, sin fraude ni engaño, y que te sean fieles por todo el predicho reino todos los hombtes pertenecientes a este reino, salva sea la fidelidad a mí y a mi hija".
Ramiro II añadía que si moría Petronila antes de tener descendencia, el conde Barcelona tendría el reino "libre e inmutable, sin impedimento alguno" tras la muerte también de Ramiro II, el cual se reservaba el derecho de señorío y el título de rey en el reino de Aragón y en todos los condados de Ramón Berenguer mientras le placiera".
Con estas capitulaciones, Ramón Berenguer IV se convertía en el administrador del reino de Aragón,pero sin asumir el título de rey, que conservó Ramiro II para sí. Petronila aportaba el viejo reino de Aragón (los territorios de Aragón,Sobrarbe y Ribagorza), el condado de Arán y el reino musulmán de Zaragoza, incorporado ahora al reino de Aragón; por su parte Ramón Berenguer IV lo hacía con los condados de Barcelona, Gerona, Ausona, Besalú y Cerdeña sur. Entre estos territorios no existía continuidad territorial,pues los condados de Pallars y Urgel se interponían entre ambos dominios, y eran autónomos, al igual que los condados de Ampurias, Rosellón y Cerdeña norte, que disponían de sus propios soberanos.
Ramiro II hacía donación del reino al conde de Barcelona, el cual lo aceptaba sumiso con el símbolo feudal de imposición de las manos ("pones tus manos entre mis manos", le dijo el rey) y se comprometía a no enajenar el reino de Aragón, a transmitirlo en la generación de los hijos de su hija, es decir, de Petronila, y a que Ramón Berenguer aceptara a Ramiro durante toda su vida " como padre y señor ". Le entregaba el reino, sí, pero el rey Monje no renunciaba a su dignidad real.
Tras los esponsales, el conde de Barcelona regresó a su tierra, la reina Petronila quedó al cuidado de los nobles aragoneses y el rey Ramiro se retiró a la vida monástica. El acuerdo firmado en Barbastro parecía muy frágil, pero dió origen a una de las formaciones políticas más estables y longevas de la historia de Europa, la llamada Corona de Aragón.
En noviembre de 1137, finalizados ya los esponsales, Ramiro II manifestaba a todos los aragoneses que había entregado a su hija al conde de Barcelona "a la vez que con toda la honor de mi reino" y mandaba "a todos mis hombres, caballeros, clérigos y peones, que los castillos y fortificaciones y las otras honores que tienen, de este modo los posean por el dicho conde Ramón, como por rey se han de tener o poseer. Y que lo obedezcan como rey en todas las cosas bajo permanente fidelidad...." Ramón Berenguer IV no recibía el título de rey, pero actuaba de hecho como tal; desde entonces y hasta su muerte, se intitularía conde de Barcelona y príncipe de Aragón.
Y así lo hizo. Desde 1137 Ramón Berenguer IV tuvo que resolver las demandas de las Órdenes que reclamaban sus derechos al reino de Aragón por el testamento de Alfonso I, lo que solventó mediante grandes donaciones y privilegios a hospitalarios, templarios y Santo Sepulcro, y continuó el avance en territorio musulmán, conquistando Lérida, Fraga, Tortosa y el Bajo Aragón.
En 1149 un acontecimiento no previsto estuvo a punto de desbaratar lo acordado en Barbastro en 1137 y dar al traste con la unidad dinástica del reino de Aragón y el condado de Barcelona. El 1 de julio de ese año Ramón Berenguer IV firmó con el rey García Ramírez de Navarra el compromiso de matrimonio con su hija, la princesa Blanca. El acuerdo lo firmó como "conde Barcelona y señor de Aragón", no lo hace como "príncipe", lo que era hasta entonces habitual; el matrimonio se fijó para el día 29 de septiembre de 1149. Pero el acuerdo se incumplió, no hubo boda y Blanca se casó el el príncipe Sancho, futuro rey de Castilla.
Ramón Berenguer seguía soltero y,ahora sí, acató su palabra y se casó con Petronila. La reina de Aragón cumplió 14 años, la edad legal para contraer matrimonio canónico en las mujeres, el 11 de agosto de 1150. Pocos días después, Ramón Berenguer IV y Petronila celebraron su boda en Lérida; él tenía 37 años.
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miércoles, 28 de noviembre de 2012
¿ QUÉ FUE LA CORONA DE ARAGÓN ? (1)
I. LOS ORÍGENES DE LA CORONA DE ARAGÓN (1136-1162)
LA SUCESIÓN DE ALFONSO I (1134)
En octubre del año 1131, mientras sitiaba la ciudad de Bayona, en el sur de la actual Francia, el rey Alfonso I de Aragón, el Batallador, carente de descendencia, dictó un asombroso testamento según el cual legaba su reino a las Órdenes de Hospitalarios, Templarios y Santo Sepulcro, que se habían fundado en Tierra Santa. Fue ratificado el 4 de septiembre de 1134, tras la batalla de Fraga de julio de ese mismo año, por el propio rey Alfonso, derrotado y a punto de morir, lo que ocurrió tres días después en la localidad de Poleniño (Huesca). Desde luego, el testamento era inviable, de modo que los aragoneses hicieron caso omiso y el 11 de septiembre, sólo cuatro días después de la muerte del Batallador, proclamaron rey a su hermano Ramiro, que era clérigo y acababa de ser nombrado obispo de Barbastro.
Según el derecho sucesorio navarro-aragonés, Alfonso I no podía disponer libremente del patrimonio heredado de su linaje, es decir de los viejos condados de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza, aunque sí lo podía hacer con las tierras conquistadas por él en vida, los llamados "acaptos", en este caso todo el territorio del reino musulmán de Zaragoza.
Aunque Ramiro II, llamado el Monje, no podía reinar dada su condición de clérigo, asumió el reino y entre el 11 de septiembre y mediados de octubre de 1134 recorrió todas sus tierras para recibir juramento de fidelidad de sus súbditos, que lo reconocieron como soberano legítimo.
Entre tanto, el reino de Pamplona, cuyo trono había ocupado el rey de Aragón en 1076, proclamó a su propio monarca en la figura del noble García Ramírez, llamado el Restaurador, y se segregó de los dominios del rey de Aragón, sumando a las de Pamplona las tierras de Tudela, configurando así en nuevo reino de Navarra. En mayo de 1135 ambos soberanos firmaron el pacto de Vadoluengo por el cual se fijaron los límites fronerizos entre Aragón y Navarra.
Ramiro II no era ni un político ni un soldado; desde su niñez había vivido en conventos, sometido a las reglas monásticas y a la vida religiosa. Ni estaba preparado ni, probablemente, quería gobernar el reino, de modo que buscó deprisa un heredero que garantizada la sucesión legítima de su linaje al frente de Aragón, para lo cual debía concebir un hijo nacido de matrimonio legítimo.
Se buscó una esposa para el rey, y la elegida fue Inés de Poitou, una viuda de 30 años de edad que había sido madre de tres hijos varones, con lo cual quedaba garantizada su fertilidad. Además, Inés hermana del duque Guillermo IX de Aquitania, y sobrina de Pedro I de Aragón, el hermano de Ramiro II, con lo cual se cerraba una alianza con este poderoso señorío cuyo duque había participado en la reconquista aragonesa en tiempos de Alfonso I.
La boda de Ramiro II e Inés de Poitou se celebró en Huesca el 13 de noviembre de 1135, y enseguida despertó reticencias debido a la condición eclesiástica del rey, y por ello fue denunciado ante el Papa.
La situación del reino de Aragón era complicada, pues a los problemas con Navarra se sumó la presencia en Zaragoza del rey Alfonso VII de León y Castilla, que la ocupó con la excusa de defenderla ante un posible contraataque musulmán dejando en el emblema de la ciudad el símbolo del león, signo de su ambición imperial como autoproclamado emperador de León y Castilla.
Todavía surgieron más problemas, pues el 10 de junio de 1136 el papa Inocencio II pidió que se cumpliera el testamento de Alfonso I y se entregara el reino a las tres Órdenes religiosas.
Justo nueve meses después de la boda real, el 11 de agosto de 1136, la reina Inés dio a luz a una niña, a la que llamaron Petronila; en esa fecha el matrimonio de sus padres todavía no había sido admitido como legítimo por el Papa.
Ramiro II había cumplido con su misión, la de dotar al reino de un heredero, pero en este caso se trataba de una niña, que podría trasmitir a través de su sangre la realeza, la "potestas regia" pero no podía reinar, lo que suponía un nuevo problema.
Inés de Poitou también había cumplido; la aquitana nada tenía que hacer ya en Aragón, de modo que marchó a sus tierras de Aquitania, probablemente a finales de 1136, cuando Petronila apenas tenía unos meses de edad. Murió en la abadía francesa de Fontevrault en 1159; nunca más volvió a ver a su hija.
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LA SUCESIÓN DE ALFONSO I (1134)
En octubre del año 1131, mientras sitiaba la ciudad de Bayona, en el sur de la actual Francia, el rey Alfonso I de Aragón, el Batallador, carente de descendencia, dictó un asombroso testamento según el cual legaba su reino a las Órdenes de Hospitalarios, Templarios y Santo Sepulcro, que se habían fundado en Tierra Santa. Fue ratificado el 4 de septiembre de 1134, tras la batalla de Fraga de julio de ese mismo año, por el propio rey Alfonso, derrotado y a punto de morir, lo que ocurrió tres días después en la localidad de Poleniño (Huesca). Desde luego, el testamento era inviable, de modo que los aragoneses hicieron caso omiso y el 11 de septiembre, sólo cuatro días después de la muerte del Batallador, proclamaron rey a su hermano Ramiro, que era clérigo y acababa de ser nombrado obispo de Barbastro.
Según el derecho sucesorio navarro-aragonés, Alfonso I no podía disponer libremente del patrimonio heredado de su linaje, es decir de los viejos condados de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza, aunque sí lo podía hacer con las tierras conquistadas por él en vida, los llamados "acaptos", en este caso todo el territorio del reino musulmán de Zaragoza.
Aunque Ramiro II, llamado el Monje, no podía reinar dada su condición de clérigo, asumió el reino y entre el 11 de septiembre y mediados de octubre de 1134 recorrió todas sus tierras para recibir juramento de fidelidad de sus súbditos, que lo reconocieron como soberano legítimo.
Entre tanto, el reino de Pamplona, cuyo trono había ocupado el rey de Aragón en 1076, proclamó a su propio monarca en la figura del noble García Ramírez, llamado el Restaurador, y se segregó de los dominios del rey de Aragón, sumando a las de Pamplona las tierras de Tudela, configurando así en nuevo reino de Navarra. En mayo de 1135 ambos soberanos firmaron el pacto de Vadoluengo por el cual se fijaron los límites fronerizos entre Aragón y Navarra.
Ramiro II no era ni un político ni un soldado; desde su niñez había vivido en conventos, sometido a las reglas monásticas y a la vida religiosa. Ni estaba preparado ni, probablemente, quería gobernar el reino, de modo que buscó deprisa un heredero que garantizada la sucesión legítima de su linaje al frente de Aragón, para lo cual debía concebir un hijo nacido de matrimonio legítimo.
Se buscó una esposa para el rey, y la elegida fue Inés de Poitou, una viuda de 30 años de edad que había sido madre de tres hijos varones, con lo cual quedaba garantizada su fertilidad. Además, Inés hermana del duque Guillermo IX de Aquitania, y sobrina de Pedro I de Aragón, el hermano de Ramiro II, con lo cual se cerraba una alianza con este poderoso señorío cuyo duque había participado en la reconquista aragonesa en tiempos de Alfonso I.
La boda de Ramiro II e Inés de Poitou se celebró en Huesca el 13 de noviembre de 1135, y enseguida despertó reticencias debido a la condición eclesiástica del rey, y por ello fue denunciado ante el Papa.
La situación del reino de Aragón era complicada, pues a los problemas con Navarra se sumó la presencia en Zaragoza del rey Alfonso VII de León y Castilla, que la ocupó con la excusa de defenderla ante un posible contraataque musulmán dejando en el emblema de la ciudad el símbolo del león, signo de su ambición imperial como autoproclamado emperador de León y Castilla.
Todavía surgieron más problemas, pues el 10 de junio de 1136 el papa Inocencio II pidió que se cumpliera el testamento de Alfonso I y se entregara el reino a las tres Órdenes religiosas.
Justo nueve meses después de la boda real, el 11 de agosto de 1136, la reina Inés dio a luz a una niña, a la que llamaron Petronila; en esa fecha el matrimonio de sus padres todavía no había sido admitido como legítimo por el Papa.
Ramiro II había cumplido con su misión, la de dotar al reino de un heredero, pero en este caso se trataba de una niña, que podría trasmitir a través de su sangre la realeza, la "potestas regia" pero no podía reinar, lo que suponía un nuevo problema.
Inés de Poitou también había cumplido; la aquitana nada tenía que hacer ya en Aragón, de modo que marchó a sus tierras de Aquitania, probablemente a finales de 1136, cuando Petronila apenas tenía unos meses de edad. Murió en la abadía francesa de Fontevrault en 1159; nunca más volvió a ver a su hija.
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