jueves, 3 de enero de 2013

¿ QUÉ FUE DE LA CORONA DE ARAGÓN ? (6)

II. FORMACIÓN TERRITORIAL, EXPANSIÓN Y ARTICULACIÓN POLÍTICA DE LA CORONA DE ARAGÓN (1162-1410)

EL PERIODO DE CRISIS: DE LA PLENITUD A LA EXTINCIÓN DE LA DINASTÍA REAL (1327-1410)

   En los primeros años del siglo XIV, mientras que Jaime II reestructura la organización financiera y administrativa de la Corona y se convierte en soberano natural de la comunidad política, los distintos Estados de la Corona organizan sus espacios nacionales, con territorios perfectamente definidos y con sus peculiares instituciones políticas, jurídicas y administrativas, con unas Cortes y parlamentos propios, unas leyes específicas y unos funcionarios distintos a los de la Corona que, no obstante, siempre permanece unida en la figura del monarca, el rey de Aragón, quien, en 1319, había establecido el principio de indivisibilidad de la misma.

   Alfonso IV el Benigno (1327-1336), proclamado rey, declaraba solemnemente en Cortes que Aragón sería siempre la cabeza protocolaria de todos sus reinos " y lo principal de su Estado ". Su breve reinado apenas le permitió otra cosa que proseguir el ya consolidado proyecto dinástico de dominio de Mediterráneo, esgrimido como argumento para la afirmación del autoritarismo regio que fue desarrollado, sobre todo, por su hijo Pedro IV (1336-1387) conocido como el Ceremonioso, y ello porque hizo promulgar en 1344 unas ordenanzas que regulaban la administración y el ceremonial por el que los Reyes de Aragón, y por tanto titulares de la Corona, se harían consagrar por el arzobispo de Zaragoza en la catedral de La Seo. En su extenso reinado una serie de circunstacias excepcionales iban a tener una honda repercusión en los territorios y en sus gentes: además de la continuidad de la política mediterránea de la Corona, hay que señalar episodios tan señalados como la peste negra (1348-1350), con sucesivos rebrotes en los años posteriores y las profundas repercusiones en el descenso de la población, y, por otra, la larga y devastadora guerra (1356-1369) contra Castilla, conocida como guerra de los dos Pedrod, en la que se debatía la hegemonía peninsular y que se salvó a favor de Castilla.

   En este escenario de guerras y calamidades naturales, los grupos que dominaban el escenario político, monarquía y grupos sociales privilegiados ( nobleza y oligarquía urbana ), mantendrán posturas enfrentadas que ponen de manifiesto las distintas concepciones que se tenían del estado: autoritario o pactista. La primera, de acuerdo con la evolución de las monarquías occidentales quería imponer una monarquía de carácter absolutista; la segunda, tradicional y de carácter feudal, defendía los privilegios de clase, enmascarados no obstante con la defensa del bien común e incluso agudizando las posturas nacionalistas. La diversidad de posiciones llevó a una situación de verdadera guerra civil que se saldó con el triunfo de la fórmula autoritaria de gobierno monárquico que reafirmaba, así, su autoridad en los distintos Estados de la Corona.

   La presencia de catalanes y aragoneses en el Mediterráneo siguió siendo una constante a lo largo del siglo XIV, ya que se ocuparon las islas de Malta, Gozzo, Gelves, las Querquenas, Rodas y Castelorazzo, documentándose además la presencia activa de la Corona en Alejandría y Rodas,Constantinopla y Albania, y seguían sometidas a protectorado las plazas de Túnez, Tremecén y Bujía, entre otras. Existían, también, consulados de la Corona en Alejandría, Damasco y Armenia que velaban por los intereses de sus súbditos. Destacaron, entre otros, los almogávares, compañía de mercenarios formada por guerreros profesionales al mando de un capitán, cuyas hazañas fueron narradas en la Crónica de Ramón Muntaner; participaron en la ocupación de Sicilia y luego llevaron una azarosa vida en escenarios de Asia Menor y Grecia; al grito de ¡ Aragón ! ¡ Aragón !, portando como emblema la enseña de San Jorge, y tras diversas escaramuzas en Anatolia y Armenia, ocuparon Atenas y el principado de Morea, incorporando los ducados de Atenas y Neopatria a la soberanía aragonesa, aunque se perdiron definitivamente en 1388.

   En 1380 Pedro IV, que aún controlaba ambos ducados, hacía un encendido elogio de la Acrópilis de Atenas " ya que dicho castillo es la más rica joya que hay en el mundo, y tal que ni entre todos los reyes cristianos del mundo podrían hacer algo semejante" . Como hecho anecdótico cabría señalar los reiterados esfuerzos diplomáticos realizados por Jaime II, Pedro IV y Martín I para recuperar el cuerpo de Santa Bárbara, enterrada en El Cairo.

   Respecto a la política peninsular era ya evidente que la Corona de Castilla había alcanzado una notable hegemonía. Será de nuevo la política ultramarina la que exija una mayor actividad de la Corona en todos los frentes, bélicos y diplomáticos. El Mediterráneo ya no era una lago controlado exclusivamente por la Corona: a los viejos y grandes actores ( Pisa, Génova, Barcelona, Mallorca...) se sumaba la aparición de nuevos competidores, como Castilla y Portugal, dueños de unas grandes armadas. La Corona de Aragón bastante hacía con gobernar en Sicilia y dominar, a duras penas, Cerdeña.

   A la muerte de Pedro IV el reino, y la Corona, vivieron una situación de crisis generalizada, agudizada por un cierto fracaso de la política mediterránea y la enajenación del patrimonio real, sucediéndole sus hijos Juan I el Cazador (1387-1395) y Martín I el Humano (1395-1410), cuyos reinados se verán inmersos en una enconada lucha de bandos. Estos dos fueron los últimos monarcas de la Corona de la dinastía barcelonesa, trocada en el linaje de los Aragón. En la Corona de Aragón de comienzos del siglo XV se vivía una coyuntura decisiva en la formulación de unas nuevas estructuras políticas que permitieran superar las dificultades de la crisis y la situación de permanente inestabilidad política y social que afectaban a los distintos estados que configuraban la Corona, y de forma especial, a Cataluña, en la que los grupos políticos estaban fracturados en dos bloques antagónicos aún antes del advenimiento de la nueva dinastía: los Trastámara castellanos.

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