jueves, 10 de enero de 2013

¿ QUÉ FUE LA CORONA DE ARAGÓN ? (7)

III. EL COMPROMISO DE CASPE (1412) Y LA CORONA DE ARAGÓN

       LA CORONA DE ARAGÓN SIN REY

   La llamada sentencia arbitral o Copromiso de Caspe de junio de 1412, acabó con un período de incertidumbre en la Corona de Aragón tras la muerte sin heredero legítimo del rey Martin el Humano en 1410, e hizo de Caspe el centro de atención de los Estados europeos durante la primavera del año 1412, hasta la proclamación de Fernando de Trastámara, entre los candidatos con derechos en juego, por uno de los compromisarios, Vicente Ferrer, el 28 de junio y a la puera de la colegial de Santa María.

   Al fin y al cabo, el cambio producido con la apuesta por una nueva dinastía, la castellana de los Trastámara, en la persona de Fernando, "el de Antequera", distinguido con todos los honores en la toma de aquella plaza fronteriza con el reino granadino, fue notable para toda la cristiandad, porque estaba también en juego el mantenimiento de la fidelidad europea al papa, en la obediencia de Aviñón, Benedicto XIII, el aragonés Pedro Martinez de Luna, frente al papa romano. El papa Luna había apoyado incondicionalmente la candidatura fernandina entre las del resto de legítimos aspirantes, con lo que pretendía garantizarse la obediencia de las dos poderosas coronas peninsulares: Castilla y Aragón. Tan magno acontecimiento había tenido lugar en la recóndita villa de Caspe, en el reino de Aragón, cabeza de una poderosa corona: la del rey de Aragón y conde de Barcelona, además de rey de Mallorca, Valencia, Sicilia, Cerdeña......., entre otros títulos condales y señoriales.

   Ahora bien, pese a ser, en principio, suficientemente conocidos los entresijos de los encuentros, concordias y acuerdos que culminaron con la proclamación solemne de Fernando de Trastámara como nuevo rey de Aragón en aquella fecha histórica de 1412, sin embargo, la historiografía al uso ha interpretado de manera distinta el resultado; más por sus consecuencias que por hecho en sí.

   En este sentido, y sin mencionar autores ni obras, en conjunto, la historiografía castellana se ha preocupado en su caso de analizar el problema del Compromiso según las corrientes de pensamiento de cada momento, incluso desde las primeras crónicas procedentes de dicho ámbito político, creando una manifiesta opinión al respecto que ha enderezado sus postulados hacia la constatación de una "causa justa y trascendente". A pesar de lo cual, se ha oscilado, en general, desde la alabanza a la personalidad de Fernando de Antequera hasta la imputación de determinados fracasos para los intereses de Castilla.

   En cuanto a la historiografía catalana, sin desdeñar opiniones precedentes, incluso desde el siglo XIX, en la segunda mitad del siglo XX, Joan Regla, en su Introducció a la historia de la Corona d' Aragó(1973), insiste en la importancia de enmarcar los hechos dentro de la influencia decisiva del Cisma de Occidente, de Benedicto XIII y de San Vicente Ferrer, y lo contempla como una intervención e interferencia de la Iglesia en marcha hacia la unidad española. Lo que sopesa la visión tradicional de la inconveniencia del resultado caspolino y la deslealtad hacia el candidato catalán por excelencia, el Conde de Urgel. Mientras que Jaume Vicens Vives, por su parte, señala que la solución de Caspe fue históricamente justa en cuando designó al candidato más universalmente aceptado por las diversas estructuras de los países de la Corona de Aragón. La carencia de oposición violenta al resultado y la estéril rebelión del Conde de Urgel lo demuestran. Cataluña, según este ilustre historiador, recibió la dinasgtía que ella misma se había impuesto al perder el sentido de la acción histórica ( Los Trastámara y Cataluña ).

   En cuanto a la visión de la historiografía aragonesa, se ha tratado de contrarrestar la interpretación antifernandina de los hechos, y para ello se ha insistido en la claridad induscutible de la solución jurídica, acudiendo a los testamentos de algunos monarcas y a las titulaciones de los Reyes de Aragón desde Alfonso II, reafirmándose en el hecho de que la elección en Caspe de Fernando II de Trastámara no obedeció sino a la aplicación del derecho sucesorio aragonés y a la preserva del principio de "standum est carte " ( se debe de cumplir lo pactado por escrito ). Este fue un principio muy querido por los aragoneses, quienes trataron de cumplirlo siempre, respetándolo y haciéndolo respetar a los monarcas y a sus representantes en el reino.


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