sábado, 3 de septiembre de 2011

VISIÓN DE SEVILLA


¿Quién te verá, ciudad de manzanilla,
amorosa ciudad, la ciudad más esbelta,
que encima de una torre llevas puesto:SEVILLA?

Dolor a rienda suelta:
la ciudad de cristal se empaña,cruje.
Un tormentoso toro da una vuelta
al horizonte y al silencio, y muge.

Detrás del toro, al borde de su ruina,
la ciudad que viviera
bajo una cabellera de mujer soleada,
sobre una perfumada cabellera,
la ciudad cristalina
yace pisoteada.

Una bota terrible de ademanes poblada
hunde su marca en el jazmín ligero,
pesa sobre el naranjo aleteante:
y pesa y hunde su talón grosero
un general de vino desgarrado,
de lengua pegajosa y vacilante,
de bigotes de alambre groseramente astado.

Mirad, oíd: mordiscos en las rejas,
cepos contra las manos,
horrores reluciendo por las cejas,
luto en las azoteas, muerte en los sevillanos.

Cólera contenida por los gestos,
carne despedazada ante la soga,
y lágrimas ocultas en los tiestos,
en las rocas guitarras donde un pueblo se ahoga.

Un clamor de oprimidos,
de huesos que exaspera la cadena,
de tendones talados, demolidos
por un cuchillo siervo de una hiena.

Se nubló la azucena,
la airosa maravilla:
patíbulos y cárceles degüellan los gemidos,
la juventud, el aire de SEVILLA.

Amordazado el ruiseñor, desierto
el arrayán, el día deshonrado,
tembloroso el cancel, el patio muerto
y el surtidor, en medio, degollado.

¿Qué son las sevillanas
de claridad radiante y penumbrosa?
Mantillas mustias, mustias porcelanas
violadas a la orilla de la fosa.

Con angustias y claveles oprime sus ventanas
la población de abril.La cal se altera
eclipsada con rojo zumo humano.
Guadalquivir,Guadalquivirm espera:
¡ no te lleves a tanto sevillano !

A la ciudad del toro sólo va el buey sombrío,
en la ciudad de mayo sólo hay grises inviernos,
en la ciudad del río
sólo hay podrida sangre que resbala:
sólo hay innobles cuernos
en la ciudad del ala.

Espadas impotentes y borrachas,
junto a bueyes borrachos,
se arrastran por la eterna ciudad de las muchachas,
por la airosa ciudad de los muchachos.

¿Quién te verá, ciudad de manzanilla,
amorosa ciudad, la ciudad más esbelta,
que encima de una torre llevas puesto: SEVILLA?

Yo te veré: vendré desde Castilla,
vengo desde la tierra castellana,
llego a la Andalucía olivarera,
llamado por la sangre sevillana
fundida ya en claveles por esta primavera.

Vengo con una ráfaga guerrera
de jinetes y potros populares,
que están cavando al monstruo la agonía
entre cortijos, torres y olivares.

Avanza, Andalucía,
a SEVILLA, y desgarra las criminales botas:
que el pueblo sevillano recobre su alegría
entre un estruendo de botellas rotas.

MIGUEL HERNÁNDEZ
Viento del pueblo






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