sábado, 25 de junio de 2011

DESEO

Yo entré en aquella habitación
cuando ví tus pechos desnudos,
la silueta de tu cuerpo posado,
el esplendor de tu sonrisa dormida,
la luz en tus ojos cerrados,
y mis ojos llamaron al deseo
para tenerte entre mis brazos desnuda.

Me acerqué a ti silencioso
con la mirada perdida por la emoción
de tener una mujer tan bella,
solitaria, dormida, llena de seducción.

Mis manos volaban como figuras maestras
de un prestigioso escultor,
posándolas en tus frías mejillas
esculpidas por unas pequeñas lágrimas de dolor.

Los besos asomaron por la ventana de mis labios
llevando el llanto de mis ojos seducidos
por el poema de unos versos recitados
en el frondoso bosque de mis sueños caídos.

Tu cuerpo sudoroso y frío,
perturbado por el sufrimiento de tu pena,
tembloroso por la inquietud y las dudas,
se acurrucaba frágil y derrotado,
profano a las sensaciones del mundo,
en el letargo de los momentos amados.

Simplemente te dejé mi mirada,
las sensaciones de un hombre comprometido
con la realidad de sus sueños e ideales
de un amor fuertemente sostenido.

ÁNGEL SANZ GOENA
Ráfagas de luz sobre un poema

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