sábado, 11 de febrero de 2012

¡MILAGRO! ¡MILAGRO!

De una villa aragonesa,
cuyo nombre no hace al caso,
salió un baturro hace tiempo
( no puedo precisar cuándo )
para asistir a las fiestas
que el pueblo zaragozano
en honor de su Patrona
celebra todos los años.

En un vagón de tercera,
no muy bueno que digamos,
acomódose un baturro
entre alforjas y canastos,
roscaderos y verduras,
botas de vino y cacharros.

La primera hora del viaje
la pasó mi hombre cantando,
hablando de las cosechas,
de la guerra y del estado
en que por falta de lluvias
encontrábanse los campos;
pero, más tarde, el camino
le empezó a parecer largo,
y cuando llegó a Casetas
bajó a fumar un cigarro
y a evacuar ciertos asuntos.....
¡ que no hay queé nombarlos !

Sonó después la campana,
corrió el baturro azorado
y entró en el tren ascendente
que estaba allí hacia un rato,
en vez de entrar en el otro
que hasta Casetas le trajo.
Partió el tren hacia la Corte
y al terminar el cigarro
asomóse a una ventana,
y en la ventana de al lado,
vió que estaba otro baturro
amiso suyo y paisano.

- ¡ Celipe !
-¿ Qué hay?
-¡ Tama ! ¡ Chiquio !
¿ Tú puaquí ? ¿ Ande vas ?
-Me marcho a Madrí.
-Pues yo, a las fiestas,
porque tenía unos cuartos
y dije: " Vaya, me voy
a Zaragoza a gastalos! "
¡Quién habia de decinos
que habiamos de encontranos !
¡ Miá c'adelantan las cencias !
¡ Qué cosas s'inventan, maño!
A veces los hombres, paice
que saben hacer milagros.
- ¿ por qué ices eso ?
- ¿ Por qué ?
¡ Ridiez, pus está bien claro !
Tú vas a Madrí, pa arriba;
yo voy hacia el lao contrario.....
¡ y en el mesmo coche, juntos,
como dos pencipes vamos !
¡ Con que ya ves tú, Celipe,
si esto no paice un milagro!

ALBERTO CASAÑAL SHAKERY
Cuentos de Calzón Corto

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