lunes, 15 de abril de 2019

ELEGÍA DE UN MADRIGAL

Recuerdo que una tarde de soledad y hastío,
¡oh tarde como tantas! el alma mía era,
bajo el azul monótono, un ancho y terso río
que ni tenía un pobre juncal en su ribera.

¡Oh mundo sin encanto, sentimental inopia
que borra el misterio azogue del cristal!
¡Oh el alma sin amores que el universo copia
con un irremediable bostezo universal!

Quiso el poeta recordar a solas,
las ondas bien amadas, la luz de los cabellos
que él llamaba en sus rimas rubias olas.
Leyó.... La letra mata: no se acordaba de ellos...

Y un día -como tantos-, al aspirar un día
aromas de una rosa que en el rosal se abría, brotó
como una llama la luz de los cabellos
que él en sus madrigales llamaba rubias olas,
brotó, porque su aroma igual tuvieron ellos...
Y se alejó en silencio para llorar a solas.

ANTONIO MACHADO

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