lunes, 6 de mayo de 2013

GRUMETE DORMIDO EN EL PUERTO

No despiertes, cabeza reclinada
en la blandura de oro de un ensueño,
no en la vulgar dureza de una caja
de una escala cualquiera, en cualquier puerto.

No hay cuerdas que encallezcan
tu mano juvenil y el alma nueva,
ni calor de bodega y frío dentro,
ni lentas soledades, vientos húmedos,
ni  cegueras de bruma,
ni el pavor de sorpresas en el frémito
del eterno adversario, que amenaza,
ni clamor de sirenas de partida,
ni abrazo, ¡ apresurado !, de la madre,
ni tibiezas de nido, invitadoras,
sólo entrevistas por fugaz fisura,
ni el desamparo entre las muchedumbres.

No despiertes, cabeza reclinada
en la blandura de oro de un ensueño.
Prosigue en él, olvida
que tu pié pisa ondulación perenne,
que tu habla es extranjera en cada puerto,
y que llevas la ausencia
en el pañuelo del adiós siempre en el alma.

JUAN BAUTISTA BERTRAN
Me canta el mar 1956

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