domingo, 7 de septiembre de 2014

LA TORRE DE BABEL

Como un perro que lame o ladra sin motivo,
como una carta urgente sin dirección ni sobre,
temprano descubrí que todos los caminos
que yo elegí desembocan en la torre
de Babel.
La luna choca contra la pared.

Quiero decir que anduve lo mismo que cualquiera
en busca de unas manos que, en mitad de la noche,
entre tantos idiomas el mío comprendieran
por los teléfonos de la torre
de Babel.
En el acuario se deprime un pez.

Laberinto de espejos, callejón sin salida,
donde baila el azar su negro minué.
Cada vez que la bolsa sube, baja la vida,
cada vez duela más la herida de mi piel.

Algún dios aburrido ideó esta menera
de querer escapar, pero  ¿ cómo y a dónde ?
Algún diablo alcohólico hizo que me perdiera
por los túneles de la torre
de Babel.
El trapecista empeñó su red.

Barrio chino del mundo, bulevar de Sodoma,
¿ por qué nadie me dijo "chaval, escápate" ?
No hay billete de vuelta una vez que se toma
el tren que lleva al apeadero de Babel.

Todavía queda un viejo guitarrista que cuenta,
a los chicos del barrio, que algunas noches ve
estrellas cancerosas desde el piso cuarenta
de una colmena de la torre
de Babel.
Del cementerio se escapó un ciprés.

JOAQUÍN SABINA
De viva voz y adosados



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