miércoles, 15 de junio de 2016

TUS MANOS A LA VISTA

Cuando la cabeza me vuele
y sientas que tengo pérdidas de conciencia,
que por más que mi cuerpo ocupe un sitio de la mesa
realmente no haya nadie,
cuando lleves mis brazos a tu cuello y yo ausente,
si notas que me disperso y me atrinchero,
déjame a la vista tus manos
y déjamelas fuertes, para que, cuando me falte la tierra,
me hagan quedarme y humedecerme de rocío.
Cuando el crujir de los árboles, el ruido de los coches lejanos,
la madera del pasillo, tu boca en susurro,
el llanto de un niño, el beso de mi abuela
o el paso de mis vaqueros por mis años.
Tus manos, déjalas a la vista, que vendré con el vértigo asomando,
con bolsas de ternura bajo los ojos
y mucha intención de hacerme un ovillo a tu lado,
ponte a la vista, porque, allí donde realmente fuí mía,
qué pocos me vieron.

VANESA MARTÍN
Mujer Océano.

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