martes, 4 de marzo de 2014

Cien sonetos de amor (LXI)

TRAJO el amor su cola de dolores,
su largo rayo estático de espinas,
y cerramos los ojos porque nada,
porque ninguna herida nos separe.

No es culpa de tus ojos este llanto:
tus manos no clavaron esta espada:
no buscaron tus pies este camino:
llegó a tu corazón la miel sombría.

Cuando el amor como una inmensa ola
nos estrelló contra la piedra dura,
nos amasó como una sola harina,

cayó el dolor sobre otro dulce rostro
y así en la luz de la estación abierta
se consagró la primavera herida.

PABLO NERUDA
1904-1973






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