domingo, 30 de septiembre de 2012

UN BATURRO AFORTUNADO





  Llegó a Madrid un baturro,
no sé cómo ni sé cuando,
en busca de algún empleo
con que vivir desahogado.
Llevaba ya mucho tiempo
sin conseguir encontrarlo,
cuando pasó una mañana
por delante de un palacio
en cuya puerta vió un hombre
muy serio y muy estirado,
con calzón corto, peluca,
chaleco abierto, zapatos
con hebillas relucientes
como el oro, guantes blancos
y otros muchos atavíos
que no hay para qué citarlos
y que al baturro del cuento
sorprendieron y admiraron.
-¡ Otra que Dios!..... ¡ Si es Juanico!
(dijo, y se acercó a mirarlo)
-¡ Juanico!....
- ¿ Qué hay?
- ¡ Qué solpresa!
¿ tú por aquí?.... ¿dende cuándo?
-Hace ya tiempo que vine.
-¡ Quién había de pensalo !...
Estás gordo y reluciente
como un alcalde de barrio.
¿ Comes bien ?
- ¡ Como un prencipe !
- ¿ Trebajas mucho?
- Trebajo rigular tal cual.
-¡Reconcho !
¿ Has tropezau con güen amo?
- Con un siñor que m'aprecia
como a un hijo y m'a elevao
muchismo. ¡ Como que tengo
en la guardilla my cuarto!
Un cuarto con muchos muebles
con estera y lavamanos.
-¿ Es decir que ahora te lavas?
- ¡ Pues claro está que me lavo !
Como que toas las mañanas
si el tiempo esta güeno, saco
al "Marqués" y al "General"
de paseo por el Prado.
-¿ El marqués y el general
van con tú?
- Son dos caballos
de primer orden, que tiene
mi señor.
- ¡ Lo estoy mirando
y no lo creo!.... ¡ Reconcho!...
Y ganarás, de contao,
un güen suelo.....
- Sí; me pagan
bastante bien.
- ¿Sobre cuánto
vienes a ganar?
- Pues mira
aun no sé bien lo que gano,
si cada año dos mil riales.....
¡ o un rial cada dos mil años !

ALBERTO CASAÑAL SHAKERY
Cuentos de calzón corto.

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